Hay días en los que no desplazarse a la oficina permite desayunar con calma o salir a caminar antes de abrir el portátil. Hay otros en los que la última reunión termina tarde y nadie sabe muy bien cuándo acaba el trabajo. Las dos escenas pueden ocurrirle a la misma persona. Para hablar de las ventajas y desventajas del teletrabajo en una empresa, conviene empezar por las condiciones concretas de cada equipo.

1. ¿Qué hacemos con el tiempo que recuperamos?

Eliminar el trayecto puede regalar tiempo al día. No hay una forma correcta de usarlo: dormir, acompañar a alguien, hacer ejercicio o empezar a trabajar sin prisas tienen valor. Eurofound señala que el teletrabajo reduce el tiempo de desplazamiento y puede favorecer el equilibrio entre vida personal y trabajo. La ventaja, sin embargo, desaparece si ese tiempo termina absorbido por una jornada más larga.

2. ¿Quién puede decidir de verdad?

Poder trabajar desde casa dos días no siempre significa tener autonomía. Tal vez la ubicación sea flexible, pero las reuniones ocupen todo el día. Tal vez exista libertad horaria, pero cada mensaje parezca exigir respuesta inmediata. Un estudio de Eurofound sobre trabajo híbrido relaciona una mayor capacidad de decidir cuándo y dónde se trabaja con mejores condiciones percibidas. La pregunta para la empresa va más allá del número de días remotos: ¿qué margen tiene cada persona para organizar su jornada sin dejar de coordinarse con los demás?

3. ¿Qué tareas mejoran a distancia y cuáles necesitan proximidad?

Preparar una propuesta compleja puede requerir varias horas sin interrupciones. Resolver una duda delicada quizá resulte más fácil delante de otra persona. Si se mide el trabajo por presencia en pantalla, se pierde esa diferencia. Antes de decidir dónde debe hacerse cada tarea, vale la pena observar cómo circula la información, dónde se atascan las decisiones y cuánto tiempo se reserva para concentrarse.

4. ¿Cuándo termina el día?

Un mensaje enviado a las ocho de la tarde puede parecer pequeño para quien lo escribe. Para quien siente que debe responder, cambia el resto del día. Eurofound identifica las jornadas largas, el trabajo durante el tiempo libre y la disponibilidad constante entre los riesgos del trabajo flexible. Acordar horarios de contacto y respetarlos es una decisión de equipo. La desconexión funciona cuando también la practican quienes organizan el trabajo.

5. ¿Cómo es el lugar desde el que se trabaja?

Una mesa compartida, una silla improvisada o una habitación sin puerta cambian la experiencia del teletrabajo. No todas las casas ofrecen las mismas condiciones. La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo advierte sobre el sedentarismo prolongado y los problemas musculoesqueléticos asociados al trabajo desde casa. Preguntar por el puesto, ayudar a ajustarlo y revisar las dificultades reales es más útil que suponer que basta con entregar un portátil. Esa conversación también puede orientar una valoración ergonómica o un servicio de fisioterapia en la empresa cuando aparezcan molestias o necesidades compartidas.

6. ¿Cuándo se mueve el cuerpo?

En casa desaparecen algunos movimientos casi invisibles: ir a otra sala, salir a comer o levantarse para hablar con alguien. Una agenda llena de videollamadas puede dejar a una persona sentada durante horas. La solución no pasa por exigir una rutina deportiva entre reuniones. Pasa por permitir pausas, revisar la duración de los encuentros y hacer que levantarse no parezca una interrupción del trabajo.

7. ¿Cómo se construye la relación con el equipo?

La distancia no impide conocerse, pero elimina muchas ocasiones espontáneas. Quien acaba de llegar puede necesitar contexto que nadie pensó en escribir. Quien lleva años puede echar en falta esa conversación de dos minutos que resolvía una duda. Eurofound sitúa la cohesión y el acceso equitativo a la información entre los retos del trabajo híbrido. Añadir reuniones a la agenda no siempre ayuda. A veces basta con hacer explícito a quién acudir, reservar tiempo para acompañar a los nuevos y encontrarse cuando exista un motivo.

8. ¿Para qué merece la pena ir a la oficina?

Si alguien se desplaza para pasar el día con auriculares en videollamadas, la presencia pierde sentido. La oficina puede servir para pensar juntos, tomar decisiones difíciles, aprender de otra persona o compartir una experiencia que no tendría la misma fuerza en una pantalla. En wewill vemos que una sesión de movimiento compartida o una conversación bien elegida puede dar al encuentro una dimensión distinta. El día presencial mejora cuando se diseña alrededor de las personas que van a vivirlo.

9. ¿Qué ocurre con quienes no pueden trabajar a distancia?

Dentro de una misma empresa pueden convivir puestos que permiten elegir ubicación y otros que requieren presencia. Una política de bienestar basada solo en ventajas para quienes teletrabajan deja fuera a parte del equipo. La flexibilidad puede adoptar otras formas: participación en los horarios, acceso a servicios durante la jornada o posibilidades reales de descanso. Para que la propuesta sea justa, hay que mirar todos los puestos, incluidos los más operativos.

10. ¿Cómo sabremos si el modelo funciona?

Preguntar únicamente cuántos días prefiere cada persona en casa ofrece una imagen incompleta. Conviene saber si la jornada termina a tiempo, si se puede pedir ayuda, si existen momentos de concentración y si quienes acaban de incorporarse entienden cómo funciona el equipo. Esas respuestas permiten ajustar el modelo sin convertirlo en una discusión permanente entre casa y oficina.

El teletrabajo tiene ventajas claras y límites que cambian según la persona y el puesto. Pensar en bienestar laboral exige mirar la jornada completa: lo que ocurre en casa, los días de encuentro y las condiciones de quienes nunca trabajan a distancia. En wewill diseñamos programas de bienestar para empresas a partir de esa realidad, combinando servicios y momentos que tengan sentido para cada equipo.